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By Rafael Balanzá

Pablo es un pequeño delincuente, un traficante con ciertas inquietudes científicas y poéticas. Una mañana de septiembre recibe un e mail enviado por su compinche y amigo Ángel Bru –con quien había planeado un atraco, finalmente abortado, a un prostíbulo de carretera–, citándolo en una nave abandonada de un polígono business. Al llegar allí descubre el cadáver de Ángel con un disparo en los angeles frente. Pablo regresa en estado de surprise a su casa y, cuando make a decision volver a abrir su cuenta de correo, lo sorprende un nuevo mensaje que empieza con estas dos frases demoledoras: «Estoy muerto, ya lo sé. Tú me has metido una bala en los angeles cabeza esta mañana».Así arranca los angeles nueva novela de Rafael Balanzá, una vibrante trama propia de novela negra, entreverada de erotismo y de turbias emociones; un relato de l. a. búsqueda febril de una escapatoria que oscila entre el deseo de huir del destino y los angeles no menos imperiosa necesidad de descifrarlo. Y todo ocurre en un cosmos sometido a los angeles regla primordial de que «los muertos no pueden prevenir de nada a los vivos».

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Imperfect Strangers

The first step: the suitable murderSandy Kinsolving's once-glittering lifestyles hangs by way of a thread; his destiny will depend on his wife's inheritance and even if she's approximately to throw him out on his ear. What he would not supply for an answer to his cash and marriage difficulties. If this have been an Alfred Hitchcock motion picture, the answer will be noticeable.

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The Turnaround

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The Devil's Detective: A Novel

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Lo entiendes? No hay base suficiente para acusarme. Lo demás es humo: demasiado circunstancial todo. Sin los angeles pistola realmente no tienen nada. Así que puede que cometa ese atraco. Puede que lo haga. Si voy a ir a los angeles cárcel por asesinato, ¿qué más me da que me acusen también de lo otro? ¿Qué importa, si de todas formas estoy atrapado? En cambio, si el palo sale bien… si Fule y yo salimos de allí con todo ese dinero… Bueno, los angeles cosa está mal, pero podría librarme de los dos marrones, siendo un poco optimistas. Piénsalo. A Machado no le interesa que yo me vaya de l. a. lengua. No le interesa que l. a. policía oiga su nombre. No le conviene que yo lo acuse de l. a. muerte de Ángel. Por los angeles sencilla razón de que es culpable y podrían pillarlo, después de todo. Creo que me dirá dónde está el arma, una vez que me haya utilizado. ¿Por qué no iba a decírmelo? Pensará que es mejor no tenerme muy en contra. Posiblemente no tiene nada own contra mí. Es puro negocio. Así que todavía podría salir de este jardín con un segundo premio. Un segundo premio de treinta mil euros. No está mal, ¿no? –¿Y Fule? –preguntó ella, echando un buen jarro de agua fría en mi entusiasmo. –Fule…, sí, tienes razón. Fule es un problema. Pero tenía que meterlo en esto. ¿Cómo iba a hacerlo yo solo? ¿De verdad creería Machado que lo haría solo? Ni loco. Es demasiado para cualquiera. l. a. gente del Versalles no es un grupo de colegiales, ¿sabes? Son peligrosos. El serbio. Sobre todo el serbio… –¿Por qué estás tan seguro de que Machado es el que está escondido, el que está detrás de… de l. a. cuenta de Ángel? Le di un sorbo a mi café. Demasiado caliente todavía. Apenas pude hacer otra cosa que mojarme los labios. –Me parecía que tú también estabas segura de eso… No has traído el azúcar –observé, colocando l. a. taza sobre un hombro de los angeles actriz de los angeles portada de los angeles revista. –¿No lo estabas tomando sin azúcar últimamente? –Ya… bueno, pero ahora mismo… –Te lo traigo –se ofreció ella. –Déjalo, ya voy yo. De camino a los angeles cocina me repetí interiormente l. a. pregunta que Marta me acababa de formular. Y tenía razón. period ir demasiado lejos suponer que Machado fuese el mad medical professional de aquel cochambroso y desquiciado plan. Machado, al contrario que Fule, poseía carácter, una personalidad recia. period cauto, pero solía dar siempre los angeles cara. Me parecía capaz de cualquier cosa, desde luego; sin embargo no me lo imaginaba fácilmente escondiendo l. a. mano a toda prisa después de lanzar l. a. piedra. No. Machado period más bien de los que tiran los angeles piedra y se quedan de pie, para comprobar dónde ha caído, o lanzar otra si llega el caso. Ahora mismo estaba viendo su cara en mi imaginación. Moreno, de piel oscura, no muy corpulento pero fuerte. Una nariz semítica de gran calibre, una mandíbula robusta. El pelo, cuando period más joven, le crecía justo encima de los angeles frente. Ahora lo estaba perdiendo, sobre todo por los angeles coronilla, y lo llevaba muy corto. Tenía una sonrisa franca. Sus gestos eran rotundos, viriles, muy directos. –¿Y quién si no? ¿Quién podría estar haciéndonos esto? –le pregunté a Marta, ya de vuelta en el salón–.

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