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By Raquel Robles

Pequeños combatientes es un relato conmovedor que revisa l. a. guerrilla de los años setenta y los trágicos tiempos de los angeles dictadura militar desde l. a. mirada de los hijos de los militantes y l. a. vida cotidiana de quienes sufrieron las desapariciones. Raquel Robles, los angeles autora de Perder (Premio Clarín de Novela) y l. a. dieta de las malas noticias, transforma los angeles experiencia vivida en literatura, en palabras en las que caben los angeles ternura, los angeles incredulidad, el amor, el miedo y l. a. compasión.

«Yo sabía que estábamos en guerra, que había habido alguna clase de combate y que ellos estarían en alguna prisión helada peleando por sus vidas. Sabía que me tocaba resistir. Después me desconcertó mucho que no hubiera habido un solo tiro.»

Así comienza esta historia, el relato de una niña por completo consustanciada con los angeles manera de vivir y mirar el mundo de sus padres, militantes montoneros secuestrados por los militares en los inicios de los angeles dictadura. Cuando ocurre "Lo Peor", los angeles protagonista y su hermanito pasan a vivir con sus tíos y abuelas. Con inteligencia, con dolor, con astucia y un desmesurado sentido de los angeles responsabilidad, desarrollan el arte de disimular y camuflarse, única estrategia posible para esperar el regreso de los padres o el momento oportuno para los angeles Revolución. En el duro camino de aceptación de lo irremediable, comprenderán que están viviendo un "para siempre" y no un "mientras tanto", y que hay historias que, aunque terminen mal, pueden tener un ultimate feliz.

La crítica ha dicho...

«El relato es delicioso, sí. Y duele tanto como es posible dejarse doler por esa infancia perdida que no tiene nada de singular. Y Raquel lo sabe.»
Marta Dillon, Página 12 (Las 12)

«La autora, con sutileza sabe introducir momentos de humor en medio de tanto desastre y hacer guiños a sus contemporáneos, rescatando elementos de los angeles cultura well known de entonces.»
Natalia Páez, Tiempo Argentino

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Me gustaban varios, pero tenía tres preferidos. Uno en el que recitaba Nati Mistral y que a las abuelas les encantaba. Yo me subía a l. a. mesita ratona y con una mano alzada y l. a. otra en los angeles cintura recitaba sobre el disco: Porque sin ser tu marido ni tu novio, ni tu amante yo fui quien más te ha querido. Y con eso… �tengo bastante! Arrancaba aplausos. Mi hermano nunca aplaudía solamente, siempre saltaba y zapateaba para festejarme. Los tres decían que tenía que ir a un teatro porque period una gran actriz. Y yo estaba de acuerdo. Simular en épocas de Resistencia period como ser actriz, y yo sabía que me salía bien. El otro disco period de Los Chalchaleros y nuestra canción favorita l. a. cantábamos los cuatro, a veces con los ojos cerrados. Mi hermano period impaciente, pero soportaba quedarse quietito cantando, concentrado, siguiendo atentamente el disco: Me voy, amor. Si soy motivo para el olvido decime adiós, decímelo; que los angeles paloma de tu pañuelo me diga no, me diga adiós. Me dices no, pero tus ojos se van conmigo por donde voy; huellita soy que va y que vuelve como dos veces del río a mí, del cielo a vos. A veces yo me daba cuenta de que las abuelas lloraban un poquito, pero me hacía l. a. tonta. A lo mejor period una canción que cantaba mi papá, porque él tocaba l. a. guitarra —dónde habría quedado l. a. guitarra— y el piano, yo no me acordaba. O a lo mejor lloraban porque period una canción muy linda, y las canciones lindas dan ganas de llorar. El tercer disco en cambio nos gustaba sólo a mi hermano y a mí. No sé de dónde habría salido porque tampoco les gustaba mucho a los tíos. period de los Beatles, Veinte grandes éxitos. Las abuelas se quejaban, l. a. señora que nos cuidaba ponía cara de nada, que period l. a. cara que ponía cuando estaba enojada pero no sabía si estaba bien retarnos o no, pero mi hermano y yo lo escuchábamos igual. En mi casa también había discos, pero no nos habíamos traído ninguno. En realidad no nos habíamos traído casi nada. period como si hubiera habido un incendio y nos hubiéramos salvado por los pelos. Ni discos, ni libros, ni juguetes, ni muebles ni adornos. Tampoco los perros ni los conejos ni las gallinas. Una vez que te pasa Lo Peor no podés andar fijándote en detalles, pero yo pensaba en mis pobres animales, quién estaría cuidándolos, quién se estaría ocupando de darles de comer. l. a. abuela me decía que los vecinos eran muy buenos y que seguramente estarían ocupándose de todo, pero yo no recordaba que hubiéramos sido amigos de ningún vecino. Lo decía para que no me pusiera triste, nada más. 10 los angeles tía no period muy dada a los abrazos, aunque a mi hermano al principio le había hecho mucho upa. Sin embargo, cuando mirábamos l. a. tele a los angeles noche me daba los angeles mano y period casi como un abrazo. A las dos nos gustaba mucho ver El arte de l. a. elegancia de Jean Cartier, con l. a. conducción de María Fernanda, que decía todo con acento francés. l. a. tía comentaba los vestidos y decía cuál se iba a comprar y en qué fiesta lo iba lucir. Por supuesto que las dos sabíamos que period un juego porque nunca había sabido que tuvieran ninguna fiesta y además estaba claro que no period un momento para andar yendo a fiestas.

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