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Tercer libro de l. a. serie Artemis chook, bestseller número uno de The manhattan Times

Espero, humano, que con solo oír mi nombre un escalofrío recorra tu cuerpo

Si no, pregúntales a las criaturas mágicas o a las que viven en el Ártico quién soy; seguramente formo parte de sus pesadillas más temidas, y eso a mí me gusta. Fui el primer humano que se enfrentó a los seres subterráneos y conseguí lo que quería: oro y algún secreto más. Ahora todo parece volver a los angeles normalidad: he rescatado a mi padre y mi madre está empeñada en que seamos una familia common. Me queda poco tiempo para mi última maniobra. No sé si ni siquiera te mereces saber cuál es: pero, bueno, hoy me siento especialmente generoso, así que adelanto que voy a chantajear a un multi-millionaire de los angeles tecnología de l. a. comunicación con un invento –mío, evidentemente– el cubo B. Y, ahora, ¿qué esperas para empezar a leer?

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Quieres decir que esta caja…? –Hará obsoleta el resto de los angeles tecnología existente. Su maquinaria electrónica será inútil. El norteamericano inspiró hondo varias veces. –Pero �cómo…? , �cómo…? Artemis le dio l. a. vuelta a los angeles caja. Un sensor de infrarrojos parpadeaba con suavidad en l. a. parte inferior. –Este es el secreto: un omnisensor. Puede leer cualquier cosa que le pida. Y si le programa las coordenadas de origen, puede conectar con el satélite que usted desee. Spiro levantó un dedo admonitorio. –Pero, eso es ilegal, �no? –No –repuso Artemis, sonriendo–. No hay leyes en contra de algo así, ni las habrá hasta al cabo de dos años de su salida al mercado. No olvide todo lo que tardaron en cerrar Napster. El norteamericano enterró l. a. cara en sus manos. Aquello period demasiado. –No lo entiendo, esta tecnología va años… no, décadas, por delante de cuanto tenemos ahora. Tú no eres más que un chaval de trece años, �cómo lo has hecho? Artemis se quedó pensativo un instante. �Qué le iba a decir? �Que dieciséis meses atrás Mayordomo había atrapado a un escuadrón de Recuperación de l. a. Policía de los Elementos del Subsuelo y les había confiscado sus aparatos de tecnología mágica? �Que luego él, Artemis, había ensamblado los componentes y construido aquella caja maravillosa? No, no podía decirle eso. –Digamos que soy un chico muy listo, señor Spiro. Spiro frunció el ceño. –Tal vez no seas tan listo como nos quieres hacer creer. Quiero una demostración. –Me parece bien –accedió Artemis–. �Tiene un teléfono móvil? –Claro. –Spiro colocó su móvil encima de los angeles mesa. period el último modelo de Fission Chips. –Y me imagino que será seguro… Spiro asintió con aire arrogante. –Quinientos bits de encriptación. El mejor de su clase. No vas a poder acceder al Fission four hundred sin un código. –Eso lo veremos. Artemis apuntó con el sensor hacia el teléfono y los angeles pantalla mostró una imagen del funcionamiento del móvil. –¿Descargar? –preguntó una voz metálica a través del altavoz. –Afirmativo. En menos de un segundo, l. a. tarea estuvo realizada. –Descarga completada –dijo l. a. caja con un leve tono de suficiencia. Spiro estaba horrorizado. –Increíble. Ese sistema feeó veinte millones de dólares. –Inútil –repuso Artemis, enseñándole los angeles pantalla–. �Quiere llamar a casa? �O tal vez trasladar algunos fondos? l. a. verdad, no debería guardar los números de sus cuentas bancarias en una tarjeta sim. El norteamericano se quedó pensativo unos minutos. –Es un truco –concluyó al fin–. Conocías el código de mi teléfono. De alguna manera, no me preguntes cómo, ya habías accedido a él con anterioridad. –Es lógico –admitió Artemis–. Yo también habría sospechado lo mismo. Diga usted qué prueba quiere que haga. Spiro recorrió el restaurante con l. a. mirada y empezó a tamborilear con los dedos sobre l. a. mesa. –Allí –dijo, señalando a un estante de vídeos que había encima de l. a. barra–. Que reproduzca una de esas cintas. –¿Eso es todo? –Servirá, para empezar. Brutus Blunt rebuscó entre las cintas con grandes aspavientos y al ultimate seleccionó una sin etiqueta. los angeles soltó encima de l. a. mesa con fuerza e hizo que los cubiertos grabados salieran volando por los aires.

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